Encontré mi Vestido

¡Hola a todos!

¡Sí, encontré mi traje de boda!

Hoy, llena de mucha emoción y alegría les contaré cómo fue ese día tan especial, en el cual seleccioné el vestido que usaré en uno de los días más especiales de mi vida.

El pasado mes de enero mis asombrosas suegra y cuñada, Damaris y Joann, se encontraban de vacaciones acá en Orlando, FL. Las tardes que Joann y yo compartíamos juntas, pasábamos la moyoría del tiempo buscando trajes de boda en el internet, podíamos estar horas solo mirando fotos de trajes. Fue entonces que Damaris y Keila sugirieron hacer una cita en David’s Bridal solo para “ver” trajes y probarme diferentes estilos. Así tendría una idea más clara de qué estilos me gustaban más puestos en mi cuerpo, y no en fotos.

Dos o tres días antes de la cita, me encontraba en la situación de “llevo o no llevo a mi papá”. Como todo papá, él tenía muchos deseos de ir y verme probar vestidos. Su mayor argumento era que yo necesitaría la opinión de una perspectiva masculina, pero cuando seis mujeres se pusieron en su contra (incluyéndome) no tuvo otra opción que quedarse. Quiero que él siga teniendo ese deseo y emoción de vereme en mi traje hasta el día de la boda.

En la tarde del domingo 3 de enero, me encontraba en mi cita en Davids’s con un gran grupo de chicas. Entre ellas se encontraba mi madrastra Keila, mi tía-madrina Margie, mi prima Amanda, Damaris, Joann, y mis dos de mis hermanas pequeñas Vianca y Yeiliana. También, mi tía Ani y primas Mónica y Andrea, me acompañaron desde Puerto Rico gracias a Face Time. Era una tarde fría y lluviosa donde tuvimos que correr bajo la lluvia desde el parking hasta la tienda. Una vez dentro de la tienda, yo quedé anonadada y asombrada por tantos trajes a mi alrededor, todos bellos y hermosos. Keila me recordaba “Melanie solo vamos a VER no vamos a comprar” (mjmmm). Mientras esperaba a que me llamaran, caminamos por toda la tienda y comenzamos a buscar vestidos para probarme.

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Les digo que estaba muy feliz y emocionada, pero a la vez sentía un poco de tristeza porque varias mujeres importantes en mi vida, como mi mamá y mi hermana Emily, no pudieron estar físicamente dado a la distancia que nos separa.

Cuando llamaron mi nombre, nos reunieron en la respectiva sala que me tocaba y ahí escogí algunos trajes que me interesaba probar. ¡Y comenzó la mejor parte!

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Mi consultante era muy dulce y amable. En el probador me hacía preguntas para tratar de conocer un poco más de mi y me preguntó si esa era mi primera visita a una tienda de trajes de novia. Al afirmarle que era mi primera visita, me respondió “nunca he tenido una novia que se haya ido con las manos vacías”. Creo que tenía razón. Me tomó solo dos vestidos para encontrar el que hiso llorar a mis acompañantes del día. Sin embargo, yo no tenía espacio para llorar, ¡estaba muy contenta, emocionada y feliz! No paraba de sonreir y mirarme. Caminé varias veces por el pasillo y las demás novias que estaban en sus respectivas citas me decían lo hermoso que me quedaba. En ese traje me sentía como, una novia. No les miento que en ese momento sí quería la opinión de mi papá.

El propósito de la cita era “ver” vestidos, pero ese traje era tan perfecto para mi, gritaba Melanie, que Keila no se pudo resistir y dijó “si lo quieres lo compro”. Oh sí lo quiero.

Así que, le dije a mi consultante que lo compraríamos. Ella sonrió y me dió una campana para que la sonará porque, esa es la tradición en David’s cuando escoges un traje. Todo el mundo aplaudió y la consultante murmuró “te lo dije que ninguna se ha ido con manos vacías”.

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Cuando fuimos a pagar, la muchacha en la caja registradora nos dice que ese traje no iba a volver más a la tienda y que ese era el último que quedaba y por tal razón, ella lo puso en su bolsa y me dijo que me lo llevara, y que si había necesidad de alteraciones simplemente lo llevara un mes antes de la boda y las harían sin costo alguno. Ese traje era para mi, me esaba esperando. Cuando nos fuimos de la tienda no podía creer que andaba con mi traje de boda en el baúl de la guagua, increíble.

Para terminar el día, teníamos que decirle a papi que habíamos comprado un traje, así que para “prepararlo” para la noticia, lo llamamos y lo invitamos a comer. Cuando llegamos al restaurante, todos hablabamos de lo bien que la pasamos, de los muchos trajes que vimos, pero nadie se atrevía a decir lo que realmente sucedía. Lo mejor de todo fue que me pasaron el “batón” a mi. Así que le dí la noticia y su reacción solo fue “WHAAAT” con los ojos exageradamente abiertos. Todos en la mesa se rieron, incluyendolo a él (buena señal).

Y así terminó mi día. Pasé las próximas noches sin dormir muy bien porque todo lo que hacía era ver mi traje, ver mis fotos en él y pensar si a Juomar le gustaría. Ya me pasó la fiebre, bueno un poco. Mi traje esta guardado en la casa de tití Margie y cada vez que la visito los domingos, voy al closet y abro la bolsa para verlo, y siempre me dan mariposas en el estómago.

Gracias por leerme.

Con mucho amor,image1 (2)

 

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